Sensibilización y empatía hacia los jóvenes con menos oportunidades
La infancia, la niñez y la adolescencia son edades tanto de vulnerabilidad como de oportunidad en materia de salud mental (OMS, 2022b). Las personas que tienen a sus espaldas un periodo de adolescencia e infancia seguro y de apoyo, y que son capaces de ejercer control emocional y aptitudes sociales, están mejor preparadas para afrontar el conjunto de opciones y retos que inevitablemente se presentan en la edad adulta (OMS, 2012).
Los grupos socialmente marginados tienden a experimentar tasas más elevadas de trastornos mentales en comparación con la población general, y a menudo se enfrentan a dificultades para acceder a la atención sanitaria. (Priebe et al., 2012).
Factores de riesgo para la salud mental
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Los determinantes del bienestar de un individuo abarcan factores de riesgo como el desempleo asociado a un mayor uso de la atención sanitaria y a tasas de mortalidad más elevadas. Una fuente importante de bienestar es la participación en la vida y las actividades de la comunidad local en la que viven los individuos y sus familias. Estar excluido de tales actividades, debido a diferentes razones, puede tener un impacto negativo en el bienestar de un individuo (OMS, 2012).
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La mala salud o la discapacidad constituyen otro importante factor de riesgo para el bienestar psicológico en general y para la depresión en particular. Las personas con enfermedades crónicas o discapacidades, sean o no comórbidas con la depresión, corren un riesgo elevado de ser marginadas de las actividades sociales o comunitarias, en particular de las asociadas a la estigmatización o la discriminación (OMS, 2012).
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Además, el cambio a la enseñanza a distancia ha provocado la erosión de muchos factores de protección que ofrece la asistencia a la escuela, como las rutinas diarias, el contacto social, el apoyo social y emocional de los profesores, el sentimiento de pertenencia a una comunidad y el acceso al ejercicio físico. (OCDE, 2021).
Factores de protección de la salud mental
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Los factores de protección en el contexto de los factores ambientales abarcan diversos elementos que promueven el bienestar y la resiliencia. La igualdad de acceso a los servicios básicos, la justicia social, la tolerancia y la integración, la calidad social y de género junto con la seguridad física, por nombrar algunos (OMS, 2012).
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La igualdad mencionada puede promoverse a través de la educación y la información, fomentando el diálogo abierto y un enfoque compasivo para escuchar y apoyar a las personas que se enfrentan a problemas de salud mental. A continuación se exponen ejemplos concretos de enfoques e intervenciones.